El Peatón del Aire

Categorías:

Archivos:

<Agosto 2017
Lu Ma Mi Ju Vi Sa Do
  1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
14 15 16 17 18 19 20
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30 31      

Documentos:

  • Pesadillas que nunca tuve

  • Blogalia

    Lamento

    Otro chico no le hubiera hecho caso, incluso se habría mofado de él; pero Pedro aún no ha sido mordido por la víbora de la malicia. Por eso me trajo el mensaje de auxilio en sus ojos, y por la misma razón acudí raudo y veloz al lugar. Y no se equivocaba, pues tras la austera puerta del sanitario se encontraba el chavalito desnudo, indefenso. Su piel era blanca como la tapa del inodoro que le servía de asiento, como si quisiera camuflarse en él y ser olvidado por el resto del mundo. Sólo vestía unos calzoncillos de algodón puesto que el uniforme yacía desperdigado por el sucio suelo del cuchitril, repudiado a destiempo e inalcanzable ahora.

    Desconsolado, entre sollozos averigüé que había acudido al cuarto de baño a cambiarse de ropa para jugar al “mini-tenis”. Por desafío a su naturaleza de preescolar o por simple desconocimiento se desvistió sin reparar que su madre había olvidado poner en la bolsa de la ropa su pantaloncito de deporte. ¡Qué tragedia! ¡cómo pudo mamá olvidar la prenda si ella repara siempre en todo! Ahora era incapaz de vestirse, ¡si nunca se había puesto solo el uniforme! Se hallaba en un callejón sin salida y la llegada de Pedrito primero, y la mía después, fue recibida con los ojos abiertos, derramando las lágrimas que aún bailaban en sus cuencas.

    Lo consolamos con palabras amables. Pedrito, obediente, volvió a clase; y antes que tuviera que volver a aspirar la mocarrera el pequeñín ya estaba vestido y con los zapatitos puestos. Le di la mano, que agarró como un naufrago coge un madero en la tempestad, y juntos fuimos al aula donde el monitor le esperaba preocupado. Antes que terminara de explicar lo sucedido, el chico ya estaba corriendo y riendo junto a sus compañeros no sin antes otorgarme una sonrisa y una agradecida despedida.

    Todas las clases de lamentos son desconsoladas, dolorosas y angustiosas. Lo que es una nimiedad para unos es un insalvable muro para otros. Si su mamá no hubiera olvidado su pantaloncito se hubiera ahorrado una buena lloratina, pero el chaval está aprendiendo a solucionar sus problemas. Espero que eso le evite posteriores lamentos.

    2005-05-04 15:28 | Categoría: | 4 Comentarios | Enlace

    Referencias (TrackBacks)

    URL de trackback de esta historia http://peaton.blogalia.com//trackbacks/29416

    Comentarios

    1
    De: Algernon Fecha: 2005-05-04 16:06

    Yo me he vuelto incapaz de ignorar los lamentos, de cualquier clase sean. Tengo que atenderlos, por encima de cualquier otra cosa, si no quiero formar parte yo mismo de ellos.

    Creo que lo mío es grave :)



    2
    De: evam Fecha: 2005-05-04 16:08

    Es cierto, a veces resolvemos problemas pensando que son una chorrada y no nos damos cuenta que pueden ser un mundo para otras personas. Y otras es al revés, nadie entiende que nos cueste tanto hacer ciertas cosas... Con fáciles que son



    3
    De: Akin Fecha: 2005-05-12 15:42

    Gran historia Peatón.



    4
    De: Aya-chan Fecha: 2005-05-22 11:50

    Es una historia preciosa. Realmente te admiro.
    Las historias que he leido tuyas hasta ahora me han gustado muchísimo.
    Seguiré paseándome por aquí de vez en cuando para leer de nuevas.



    Nombre
    Correo-e
    URL
    Dirección IP: 54.198.31.213 (2976d275a7)
    Comentario

    © 2002 - 2003 Don_Cicuta
    Powered by Blogalia