Hoy voy a intentar visitar la exposición de
Miguel Berrocal en el palacio episcopal de Málaga. Este paisano mío que está deseando que se le reconozca su obra aquí antes de pasar a la fiambrera, mientras es mundialmente reconocido (El mismísimo Martin Gardner estudió las propiedades matemáticas de sus esculturas en su sección de Scientific American). Claro, que allí los políticos no juegan con el arte por unos míseros votos.
Eso sí, mientras se van inaugurando museos que no tienen contenido ni razón de existir...